Cuba vende gas en dólares mientras su pueblo cocina con leña
El régimen cubano lanza plataformas digitales para vender gas licuado exclusivamente en dólares, excluyendo a la mayoría que no tiene acceso a divisas. Una política que prioriza la extracción de divisas sobre la supervivencia del ciudadano común.

El socialismo cubano, ese que tanto alardea de proteger al débil, acaba de descubrir una nueva forma de protección: vender el gas licuado, esencial para cocinar, solo en dólares a través de internet. El régimen de Miguel Díaz-Canel lanzó dos plataformas digitales para la venta de este producto, pero con un pequeño detalle: solo aceptan dólares. En un país donde el salario promedio ronda los 2,000 pesos cubanos (unos 80 dólares en el mercado informal) y donde acceder a divisas es un privilegio de la élite y los conectados, la medida es una bofetada a la población. La revolución que juró abolir las clases sociales ahora las consolida con una moneda extranjera.
Esta política no es nueva en el manual socialista. En Venezuela, el régimen de Nicolás Maduro hizo algo similar con la gasolina: primero la vendió en dólares a través de un sistema de cuotas para militares y simpatizantes, luego la escasez se volvió total, generando un mercado negro descomunal. El gas doméstico en Venezuela también se vende en efectivo a precios que duplican el salario mínimo. Ambas naciones, hermanadas por la misma ideología, comparten el mismo guion: convertir las necesidades básicas en botines de guerra económica, culpar al imperio de las consecuencias, y mientras tanto, el pueblo se cocina lo que puede.
El impacto en las familias cubanas es devastador. Muchas cocinan con leña en balcones, arriesgando incendios; otras usan hornillas eléctricas en un país con apagones constantes; y las que pueden, pagan fortunas en el mercado informal. Las madres deben elegir entre cocinar o comprar medicinas. Solo el 15% de los hogares cubanos reciben remesas del exterior, según cifras oficiales. El resto, a improvisar. Y cuando falla la leña, están las hornillas chinas de butano, pero su precio en el mercado paralelo es una burla: 10 dólares por una lata que debería costar 1. El régimen, mientras tanto, asegura que esto es parte de la actualización del modelo.
¿Qué sigue? ¿Vender el aire que respiramos en bitcoins? La lógica perversa es clara: mientras el pueblo sufre, la élite se enriquece y el régimen acumula divisas para mantener su maquinaria represiva. En Cuba y Venezuela, el socialismo ha demostrado ser, en esencia, un sistema que esclaviza a sus ciudadanos con la escasez. La comunidad de izquierda en América Latina guarda silencio cómplice, no sea que criticar a Cuba dañe la narrativa del socialismo humanista. Mientras, la OEA y la ONU discuten resoluciones abstractas sobre derechos humanos, y los cubanos siguen encendiendo fogatas en sus patios. La pregunta que duele es: ¿hasta cuándo el mundo aceptará que estos regímenes utilicen a su pueblo como rehenes de su propia ineptitud?
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